📝 Notas de cata
👃 Nariz:
Aromas intensos de fruta madura: melocotón, albaricoque, mango y notas de limón confitado. En segundo plano, flores blancas (jazmín, flor de acacia) y recuerdos de hinojo y monte bajo.
👅 Boca:
Sedoso, untuoso y profundo. El paso por boca es carnoso pero fresco, con una acidez viva muy bien integrada. La crianza sobre lías aporta volumen, textura y un fondo mineral que lo equilibra. Final largo, elegante y con carácter.
👀 Vista:
Color dorado brillante con reflejos verdosos. Limpio, luminoso y atractivo.
🧠 Detrás de la etiqueta
Casar Godello no nació por moda, sino por visión. En una época donde el Godello no era protagonista, Casar de Burbia apostó por plantarlo en sus viñedos de Valdepiñeiro y Valdaigas, en laderas de suelos pobres y bien drenados, ideales para lograr vinos con estructura y frescura.
Durante años investigaron cómo trabajar con sus lías para lograr un blanco de guarda. En 2012 lanzaron su primer blanco al mercado. El resultado: un Godello con alma de vino serio, gastronómico y complejo, que expresa la esencia del Bierzo con un toque muy personal.
🍽 Maridaje
Casar Godello no solo acompaña, realza. Sus notas golosas, su estructura y su vibrante acidez lo hacen perfecto para:
-
Zamburiñas a la plancha / Vieiras gratinadas 🐚
-
Arroces marineros / Risotto de espárragos y parmesano 🍚
-
Ceviche / Tartar de atún rojo con mango 🐟
-
Bacalao al pil pil o en salsa verde 🐠
-
Quesos de pasta blanda tipo Brie o Camembert 🧀
🕯 Consumo y conservación
Aunque está delicioso ahora, su crianza sobre lías le da una buena capacidad de evolución en botella. Ideal para disfrutar ahora o guardar hasta 2029.
-
Temperatura de servicio: 11–13 ºC
-
Decantación no necesaria, pero agradecerá unos minutos de oxigenación en copa ancha.
📖 Historia & curiosidad
En El Bierzo, al Godello se le conocía como “ojo de gallo” o incluso como “prieto picudo blanco”, cuando aún se confundía con otras variedades. Hoy, gracias a bodegas como Casar de Burbia, esta uva ha recuperado su protagonismo.
Casar Godello fue el primer blanco de la bodega, pero no el más sencillo: es fruto de paciencia, de años de prueba y error, y de un profundo respeto por el terruño. Cada botella es un tributo a ese esfuerzo silencioso.